1/2/11

En Telde queremos conquistar la participación.

No es tarea fácil conquistar los espacios de participación en una sociedad como la nuestra que a veces plantea dichos espacios como círculos (cerrados) de una extraña élite que copa el terreno con un incoherente e inconexo discurso que defiende la democracia y la participación desde el cómodo sillón del poder. Esos discursos con los que llaman a la participación ciudadana generando pequeños círculos de confianza que crean privilegiados entre iguales, dando un sentido negativo a la participación ciudadana y promoviendo un rechazo general a toda forma de organización social.

Ese acomodamiento, que no forja ilusiones a base de esfuerzos, ideas y trabajo, no conquista los espacios, sino que los regala haciéndolos débiles y expuestos al juego de la moneda de cambio, son el principal enemigo del empoderamiento ciudadano, porque pone el acento en el privilegio y no en el bienestar común.

Para conquistar la participación y sus espacios, se requiere ilusión, proyecto y entrega porque la participación real se enraíza en el profundo deseo de tomar parte de los asuntos públicos, y esto no es el sillón del concejal o alcalde, esto es todo aquello que afecta al común ciudadano.

Dice el Consejo Escolar de Canarias que “la participación no se regala, se conquista” porque depende del esfuerzo y la ilusión el empoderamiento de quienes quieren participar.

En nuestro municipio abundan excelentes profesionales, deportistas, estudiantes, religiosos, activistas (etc.) que no tienen esperanza de volver a encontrar un motivo y un espacio a través del cual luchar por nuestra ciudad de Telde. Algunas de estas personas fueron convertidas en cadáveres políticos antes de poder ver los frutos de sus esfuerzos, utilizadas por el poder y defenestradas al más absoluto olvido y con la sensación de haber sido ensuciadas por el mismo.

Desaprovechar este potencial ciudadano con el que dispone nuestro municipio no nos hará crecer y conquistar nuestros barrios, parques y plazas. Despreciar el buen hacer, castigar por pensar distinto o intentar ahogar los gritos de denuncia no debe ser la línea estructural de un proyecto político.

Es posible proyectar ilusión, es posible crear con el objetivo de hacer mejor los deberes públicos, con la intención de crecer en calidad. No siempre hace falta el poder institucional, a veces lo más importante es la suma de poderes individuales para cambiar las cosas, regenerar e innovar.

Efraín Gómez Bermúdez.


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