24/2/11

Burbujas.


Una vez más tiene lugar el final de un domingo vacío en el hogar de muchas familias de nuestro entorno, e incluso puede que en el nuestro. Vuelve como en un recurrente bucle de hastío y apatía, cada vez más fuerte y generalizado, en donde el estado del bienestar y el desapego a todo lo que en su día fue importante, se ha encargado de atraparnos.
Jóvenes frente a sus ordenadores, chateando por alguna red social, o simplemente jugando a algún juego de consola, como no, individual. Por otro lado su padre en un cuarto y su madre en otro, observan sendos televisores con programaciones diferentes. Cada uno de ellos aislado en su propia burbuja, retroalimentando su propia rutina, de la que sólo se sale de cuando en cuando para volver a ella, como si se tratara de un baluarte que les protege de la realidad.
Pero la realidad sigue ahí, día a día, y mientras vemos en las noticias como pueblos enteros luchan por sus derechos, nosotros miramos con ojos ciegos desde nuestra burbuja, dejando que horas, días y semanas pasen, mientras a nuestro alrededor, poco a poco, se ignoran nuestros propios derechos, sin que parezca que nadie haga nada.
Algunos piensan que no van a poder arreglar nada ellos solos por mucho que quieran, y cientos de personas que piensan lo mismo dejan pasar cada golpe que les dan con paciente resignación. Pero hay que plantearse si de verdad no se puede hacer nada o nos es más cómodo dejarlo pasar. De todas maneras, nuestra burbuja es tan cálida y segura…
Algunos dicen que en su ciudad o barrio no merece la pena salir, que no se puede hacer otra cosa que estarse en casa un fin de semana, que los lugares a donde antes solían ir están descuidados y que no hay alternativas para la juventud o la familia. Y en lugar de intentar solucionarlo se quedan en su bucle de rutina en donde el tiempo pasa tranquilo, en donde no hay que preocuparse si un parque, una biblioteca, un polideportivo o nuestro propio legado histórico está en condiciones. Qué más dará.
Y cuando cada cual en su burbuja de soledad ve a otros intentar arreglar las cosas, la desconfianza inunda sus corazones; “seguro que quiere algo a cambio, ¿para qué salir de su burbuja si no?”. Pero aunque a veces tengan razón, no se atreven a romper su burbuja para cambiar las cosas y prefieren que otros tomen el control aunque ya conozcan el resultado del pasado.
Como es de esperar, en todas y cada una de estas burbujas hay una batalla perdida, y el principal responsable es cada uno de nosotros, pues la única batalla que se pierde es la que no se lucha.
Christian González Morales
es portavoz de la Plataforma
Joven Aire Nuevo 2011

22/2/11

Sobran palabras…

La palabra es auténtica cuando certifica lo que se dice con lo que se hace, y tiene valor cuando se ve manifestada en la realidad. Precisamos de las palabras, las necesitamos para relacionarnos... Y tiene diferentes usos dependiendo para qué la requiramos, pero su buen uso determinará  un buen acto.

Si algo nos une como humanos es el lenguaje. Las palabras, son parte fundamental del lenguaje, son cachitos de experiencia,  hábitos, costumbres, valores y la  identidad de cada persona.  Somos también lo que DECIMOS…

"Sobran palabras…" No aparece en la real academia española como tal, pero es una expresión de uso coloquial  exquisita simbólicamente para testificar un compromiso. La tradición de dar la palabra es histórica, pues cuando nuestros abuelos  y grandes abuelas daban su palabra, fuera por lo que fuera, tenía más fuerza que cualquier contrato escrito y firmado. Por lo que es importante respetar y mantenerla. Cuando nos relacionamos, independientemente del rol que desempeñemos, debemos ser fiel a ella pues esta en juego nuestra confianza, respeto y creencia.

No cumplir lo que decimos es un hecho de  desprecio, insano,  una falta de respeto hacia los demás, y fomentan el conflicto.
Necesitamos rodearnos de personas que hacen lo que dicen, que se compromete con su palabra y la cumplen, sea lo que sea, y si por algún motivo no pueden,  lo comunican con tiempo y se disculpan por no hacerlo. De esta forma transmiten fe y cordialidad, agentes clave para una buena y sana relación.

Queremos gobiernos y gobernantes de PALABRA, pues son éstos, éstas indudablemente  l@s que determinan y gestionan las áreas y aspectos más elementales de nuestra existencia (salud, trabajo, educación, participación, vivienda…). Son las personas encargadas de velar por nuestro bienestar, por lo que es necesario que sus  palabras vayan acordes con sus hechos, con la realidad. Y cumplan lo que nos pertenece, lo que prometen.

Yurena García Sánchez
Necesitamos sentir tranquilidad y seguridad. Necesitamos no considerarnos engañad@s ni toread@s. Nos merecemos un respeto como cuidadan@s, y como PERSONAS. Pero sobre todo necesitamos comprobar que lo que se DICE es lo que se HACE.

Sobran Palabras… Queremos HECHOS.



Mesa informativa en el Mercado Municipal: un éxito, un momento de encuentro con el ciudadano, un espacio de acogida. Gracias a los que estuvieron y a los que van a estar próximamente.